
Un congreso no empieza cuando se abre la primera conferencia. Empieza mucho antes: cuando alguien imagina cómo quiere que se sienta el lugar al recibir a cientos de personas.
En este evento, la comida tenía que estar a la altura de la ocasión. No bastaba con preparar algo rico; había que pensar en presentación, variedad, tiempos y, sobre todo, en una experiencia que funcionara mientras todo lo demás sucedía alrededor.
Montamos una propuesta pensada para que los asistentes pudieran disfrutar sin interrumpir el ritmo del evento. Pequeños bocados, estaciones cuidadas y una presentación que invitaba a probar antes incluso de preguntar qué había.
Y quizá eso es lo interesante de este tipo de servicios: cuando todo sale bien, casi nadie piensa en la operación que existe detrás. Solo recuerda que el evento estuvo increíble, que había algo bueno para comer y que todo apareció justo cuando tenía que aparecer.